como a crisálidas tornasoladas
la tranquilidad nos ignora
rebalsamos en pecados
de la vida secreta de los roces
frágiles como sólo lo son los hombres
intensos como un recién nacido
me asombra el paso apresurado de las nubes
su huida es la expresión máxima del destino
y me conmueve su capricho
de reflejarse en las hojas de coca
y en las vidas paralelas
ese capricho que trato de combatir
cada vez que me derramo sobre este cauce
contra la lluvia el camino y la casualidad
contra la naturaleza de la existencia en el encierro
contra tanta certeza acumulada
como piedra sobre piedra
sobre mi otra asustada
un amanecer que despierta después del sol
no somos lo que somos
y no hay pena que se compare
con abrir las puertas al oleaje de los relojes desbocados
y sólo queda escabullirse
entre las piernas de lo que está escrito
y cortárselas
contra el barro la verdad y la ruda
contra las formas en que brotan
las muertes paralelas
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