el eco de un lugar es un viaje por las manos de las almas escindidas
que se nos cruzan en un sendero después de la vida
allí tu rostro de vidrios rotos
después de la madre y los espejos
allí he cruzado el mundo en pos del goce y el vértigo
en pos del reencuentro
con el agua marina que arrastra el año
amapolas amuralladas
reconstruidas en una sensación por siempre blandida
en los bordes de una taza
puerta salvaje de nuestros muertos
que nos inundan como el éxtasis a las moscas
desde ciertos susurros
nuestros muertos que tienden puentes inacabados
nacidos a la muerte antes de tiempo
nuestra hora es el mundo visto desde mis ojos
te ofrendo mi cuerpo dormido
mis ojos esquilados de montañas
envueltos en retama / hundidos
en esta lluvia que vino y se irá
conmigo
3.6.16
VII
como a crisálidas tornasoladas
la tranquilidad nos ignora
rebalsamos en pecados
de la vida secreta de los roces
frágiles como sólo lo son los hombres
intensos como un recién nacido
me asombra el paso apresurado de las nubes
su huida es la expresión máxima del destino
y me conmueve su capricho
de reflejarse en las hojas de coca
y en las vidas paralelas
ese capricho que trato de combatir
cada vez que me derramo sobre este cauce
contra la lluvia el camino y la casualidad
contra la naturaleza de la existencia en el encierro
contra tanta certeza acumulada
como piedra sobre piedra
sobre mi otra asustada
un amanecer que despierta después del sol
no somos lo que somos
y no hay pena que se compare
con abrir las puertas al oleaje de los relojes desbocados
y sólo queda escabullirse
entre las piernas de lo que está escrito
y cortárselas
contra el barro la verdad y la ruda
contra las formas en que brotan
las muertes paralelas
la tranquilidad nos ignora
rebalsamos en pecados
de la vida secreta de los roces
frágiles como sólo lo son los hombres
intensos como un recién nacido
me asombra el paso apresurado de las nubes
su huida es la expresión máxima del destino
y me conmueve su capricho
de reflejarse en las hojas de coca
y en las vidas paralelas
ese capricho que trato de combatir
cada vez que me derramo sobre este cauce
contra la lluvia el camino y la casualidad
contra la naturaleza de la existencia en el encierro
contra tanta certeza acumulada
como piedra sobre piedra
sobre mi otra asustada
un amanecer que despierta después del sol
no somos lo que somos
y no hay pena que se compare
con abrir las puertas al oleaje de los relojes desbocados
y sólo queda escabullirse
entre las piernas de lo que está escrito
y cortárselas
contra el barro la verdad y la ruda
contra las formas en que brotan
las muertes paralelas
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