He encontrado un par de cosas para compartir. Primero están las frases de Un cuarto propio de Virginia Woolf: "Los hombres sabios nunca dicen lo que piensan de las mujeres" (Samuel Butler), “aparte de las calificaciones que otorgaba, la mejor de las mujeres era intelectualmente inferior al peor de los hombres” (Oscar Browning) o “sólo es posible repetir lo dicho por el señor Samuel Johnson sobre una mujer predicadora, trasladado a términos musicales: Señor, una mujer compositora es como un perro caminando sobre sus patas traseras. No lo hace bien, pero es sorprendente que lo haga” (en un libro sobre música de 1928).
Y luego están las palabras de un amigo, que decía que conocía mujeres (sus tías) que habían acumulado muy poca sabiduría durante su vida.
(Dos paralelismos: el primero, que considera que las mujeres “malgastan” la creatividad que tienen en cosas “absurdas” como pensar en cómo se van a vestir o en qué receta pueden inventar -hay que pensar: si ese es el único espacio que se les ha concedido, es evidente que es en el que van a trabajar, porque sólo tienen ese espacio; y la segunda que se considera que, dado que lo anterior forma parte de “la naturaleza de las mujeres”, que estos aspectos de la feminidad, o la feminidad misma, son inherentes a las mujeres. Entonces, las “grandes” creatividades como la música y la literatura no pueden ser de ninguna manera invadidas por mujeres.
Y luego viene un tipo, cualquier tipo, y escribe un verso, porque con él es “escribe lo que quieras, no me interesa”, y muchas veces, si se hace más o menos bien, se admira; y si lo hace ella, en cambio, la respuesta es una burla: “¿tú, escribir? ¿Para qué, para mujeres? ¿De qué, de mujeres?”, y hay que admitirlo, si lo hace más o menos bien, está mal.)
(A veces dudamos sobre quién tiene la razón al final.)
Y para mi alivio, Woolf escribe:
“…pero las mujeres sienten lo mismo que los hombres, necesitan ejercitar sus facultades y un campo para sus esfuerzos, al igual que sus hermanos; ellas sufren por la rigidez de las reglas, de un absoluto estancamiento, precisamente como sufrirían los hombres, y es producto de estrechez mental en el prójimo más privilegiado, decir que ellas deben confinarse a hacer pasteles y tejer calcetas, a tocar el piano y bordar carteras. Es insensato condenarlas, o reírse de ellas, si buscan hacer más o aprender más de lo que la costumbre ha estimado necesario para su sexo.”
¿Entonces qué?
Y luego están las palabras de un amigo, que decía que conocía mujeres (sus tías) que habían acumulado muy poca sabiduría durante su vida.
(Dos paralelismos: el primero, que considera que las mujeres “malgastan” la creatividad que tienen en cosas “absurdas” como pensar en cómo se van a vestir o en qué receta pueden inventar -hay que pensar: si ese es el único espacio que se les ha concedido, es evidente que es en el que van a trabajar, porque sólo tienen ese espacio; y la segunda que se considera que, dado que lo anterior forma parte de “la naturaleza de las mujeres”, que estos aspectos de la feminidad, o la feminidad misma, son inherentes a las mujeres. Entonces, las “grandes” creatividades como la música y la literatura no pueden ser de ninguna manera invadidas por mujeres.
Y luego viene un tipo, cualquier tipo, y escribe un verso, porque con él es “escribe lo que quieras, no me interesa”, y muchas veces, si se hace más o menos bien, se admira; y si lo hace ella, en cambio, la respuesta es una burla: “¿tú, escribir? ¿Para qué, para mujeres? ¿De qué, de mujeres?”, y hay que admitirlo, si lo hace más o menos bien, está mal.)
(A veces dudamos sobre quién tiene la razón al final.)
Y para mi alivio, Woolf escribe:
“…pero las mujeres sienten lo mismo que los hombres, necesitan ejercitar sus facultades y un campo para sus esfuerzos, al igual que sus hermanos; ellas sufren por la rigidez de las reglas, de un absoluto estancamiento, precisamente como sufrirían los hombres, y es producto de estrechez mental en el prójimo más privilegiado, decir que ellas deben confinarse a hacer pasteles y tejer calcetas, a tocar el piano y bordar carteras. Es insensato condenarlas, o reírse de ellas, si buscan hacer más o aprender más de lo que la costumbre ha estimado necesario para su sexo.”
¿Entonces qué?
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